REFLEXIONES PERSONALES SEMANA SANTA 2009
Elena Pablo Elorza
11 Abril del 2009
Un nuevo año acompañando a Jesús el Viernes Santo y reflexionando sobre su sacrificio y nuestra relación con Él.
De la reflexión del Padre Pablo Walker s.j. durante el Retiro en el Colegio San Ignacio del Bosque puedo destacar los aspectos siguientes:
1 .- El encuentro de Jesús con la Samaritana (Jn 4) ¿De qué sed y de qué agua habla Jesús? De tres tipos de sed:
1-a La primera es la de la satisfacción de los sentidos que se encierra en sí misma. El mercado ha hecho de esta sed una lucrativa área de negocios. Nos han formado un corazón insaciable. Han inventado productos nuevos que prometen saciar nuestra sed, pero que apenas los compramos dejan de cumplir el objetivo prometido.
1-b Está también la sed de la rectitud personal , de hacer las cosas bien con la intención de salir bien evaluados. Esta sed puede convertirse, sin la novedad de Dios, en un triste egoísmo, en dureza con los demás. Nadie se sacia a si mismo.
1-c Finalmente, está la sed de hacer la voluntad del Padre. Él le dice a Jesús, como nos lo dice a nosotros cada día: “Tú eres mi hijo tan querido”.Y eso desata el querer llevar las Buenas Noticias; el anhelo de amar como el Padre nos ama. Esta sed es don de Dios, es una irrupción de la gratuidad, es Dios quien nos quiere en salud y enfermedad, con alegrías y con penas.
¿Qué tenemos nosotros que no haya sido recibido de regalo?. Y si todo ha sido un regalo,¿qué te hace ir tan ansioso por la vida?
Esa gratuidad es el perfume de Dios en nuestra vida .
Esa gratuidad permite un estilo de vivir sin sentirse abrumado e inquieto.
Esa gratuidad es la Buena Noticia que nos trae Jesús.
Esa gratuidad es un llamado a vivir con alegría.
Nosotros tenemos valor no por las cosas que hacemos , sino porque somos amados desde la eternidad por el Padre, a través de Jesús y de la fuerza e inspiración constante del Espíritu Santo.
Esta sed que experimentó Jesús en sus encuentros a solas con el Padre, es una sed infinita.
Esta sed es humana y es semilla de eternidad. Cuando alguien se dedica a saciarla, nunca queda defraudado, porque para esto fuimos creados; porque llevamos dentro los genes de nuestro Padre Dios. Es la sed de amar a Alguien distinto a nuestro yo; más grande que nuestra vida. Esa sed profunda que nos habita es Dios trabajando en nosotros en cada momento.
Jesús experimenta las tres clases de sed. Se sienta al pozo donde va la Samaritana , porque tiene sed. Transforma el agua en vino en Caná, porque entiende lo que es la sed. Grita en la cruz: “Tengo sed”. También tiene sed de ser recto, de ser generoso, de hacer justicia. Pero toda su sed queda transformada por lo único que da sentido a su vida: “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”
Esa sed de amar y esa agua viva que es la gracia de amar incluso perdiendo la propia vida, es la oferta que le hace a la Samaritana y a todos nosotros.
2 .- Un 2ª punto de reflexión fue recordar la aparición de Jesús resucitado a los apóstoles, reunidos a puertas cerradas por miedo a los judíos (Jn 20, 19-28) :
“Entró Jesús y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Tomás no estaba con ellos. Cuando le dijeron que habían visto al Señor, no les creyó. Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa reunidos y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas entró Jesús y les dijo:” La paz esté con Uds.” Después le dijo a Tomás: ”Pon aquí tu dedo y mira mis manos; métela en mi costado; no seas incrédulo, sino creyente...” Tomás exclamó:“Señor mío y Dios mío”. Jesús le contestó: “Crees porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!” (Jn 20,19-29).
Cristo Resucitado ya no está expuesto a su propio cansancio; ya tiene un cuerpo transformado. Pero tiene heridas.¿Por qué las guarda? Porque, por esas heridas, el Espíritu Santo sigue introduciendo en Jesús los dolores, los vacíos, las dudas, los cansancios del mundo entero. Por esas heridas, el Espíritu Santo, sigue derramando en el mundo el amor gratuito del Padre, el Agua Viva.
3.- Un tercer punto de reflexión es respecto a nuestra propia resurrección. Permitir que nuestros vacíos Alguien los habite : La única Persona que lleva mi nombre escrito en Su mano como signo de predilección: El Padre .
Nuestra resurrección es contagiarnos de esa herida que nos hace empatizar con el dolor, con la alegría de los otros; es vivir ese enorme gozo de no abdicar , no hacernos “los cuchos”, y seguir buscando mejorar las cosas a mi alrededor.
Nuestra resurrección es permitir que la fuerza del Espíritu Santo nos abra a amores de todo tipo. Por ejemplo: La alegría genuina por el éxito de otros, el reconocer talentos que otros tienen y nosotros no, pero que permitimos que entren en nuestro costado y nos completen; crear gestos de amor hacia otros que parecen imposibles, pero absolutamente posibles para Dios, etc.
Nuestra resurrección es dejarnos reencontrar con el don de Dios que nos habita, y traspasarlo a las nuevas generaciones . No nos olvidemos que a lo largo de nuestra vida, muchos han ido nutriendo la fuerza de nuestra fe, la que hoy disfrutamos y nos permite sentir que nuestras vidas tienen un horizonte y un sentido.
Nuestra resurrección es mirar las semillas de mostaza que Dios siembra a nuestro lado a cada instante.
tema 1
El encuentro con el misterio absoluto
Cuando los ángeles de la muerte hayan barrido todos los escombros fatuos -que nosotros llamamos historia- de los espacios de nuestro espíritu, aunque naturalmente quedará la auténtica esencia de la libertad realizada; cuando todas las estrellas de nuestros ideales, con los que osamos engalanar el cielo de nuestra existencia, se vayan extinguiendo hasta apagarse; cuando la muerte haya impuesto un vacio terriblemente silencioso y nosotros creyendo y esperando, lo hayamos aceptado en silencio como auténtica esencia nuestra; cuando después nuestra vida, que hasta ahora se nos antoja tan larga, aparezca como una única breve explosión de nuestra libertad-que fue rodada como en cámara lenta-una explosión en la que la pregunta se transforma en respuesta, la posibilidad en realidad, el tiempo en eternidad, la libertad ofrecida en libertad realizada; y cuando después en un terrible sobresalto de alegría indescriptible se nos muestra que este terrible vacío silencioso que nosotros experimentamos como muerte, en realidad está inundado por el misterio original que llamamos Dios, por su luz pura, por un amor que todo lo toma y todo lo da; y cuando después aún de ese misterio incomparable, aparezca el rostro de Cristo, el bendito y nos mire, y esta concreción es la superación divina de toda nuestra aceptación auténtica de la incomprensibilidad del Dios incomparable entonces, entonces yo no me atrevería a descubrir propiamente lo que vendrá, pero si a señalarlo, balbuceando como el que por ahora puede esperar aquello que viene, mientras experimento personalmente el naufragio de la muerte como el comienzo de lo que viene. Para cada uno el tiempo de la vida, que se le ha concedido, es el breve instante a través del cual se transforma en aquello que será.
Karl Rahner (teólogo alemán 1904-1985)
Aporte de Paz Zamorano (Chillán), tomado de un artículo de la revista Mensaje
tema 2
Las manos del Señor
Pilar Rodriguez
Las manos pequeñitas y sedosas
del Niño que ha nacido...
Las manitos juntas y puras que rezaron
en un templo de otro tiempo...
SON... TUS MANOS SEÑOR.
Las manos del artista que colorea
la belleza de un paisaje...
Las manos agrietadas del campesino
por el duro y sacrificado trabajo...
SON... TUS MANOS SEÑOR.
Las ágiles manos del pianista
que nos hace alcanzar el cielo con su música...
Las tiernas manos de una mamá
que acaricia cuando está amamantando...
SON... TUS MANOS SEÑOR.
Las débiles y pálidas manos del enfermo
que espera ser sanado, ser acompañado...
Las manos frías de un vagabundo
que las extiende en busca de cariño y sostén...
SON ... TUS MANOS SEÑOR.
Las delicadas manos de una bailarina
Que parecen garzas alzando el vuelo...
Las benditas y santas manos de un sacerdote
SON... TUS MANOS SEÑOR.
Las manos que un día se alzaron en el monte
para proclamar las Bienaventuranzas...
Las manos que sangran en la Cruz
por amor a mi y a mis hermanos...
SON... TUS MANOS SEÑOR.
Estas manos no son las de una escritora,
estas manos solo quieren alabar tu Nombre...
Estas manos quieren tener voz para cantar
con gozo y humildad, que también éstas...
SON... TUS MANOS SEÑOR.
tema 3
Un pensamiento rescatado desde Internet…como uno de esos mensajes que dejan algo para reflexionar…
PRINCIPIO DEL VACÍO... Joseph Newton
Usted tiene el hábito de juntar objetos inútiles en este momento,
creyendo
que un día (no sabe cuando) podrá precisar de ellos?
Usted tiene el hábito de juntar dinero sólo para no gastarlo, pues
piensa
en el futuro podrá hacer falta?
Usted tiene hábito de guardar ropa, zapatos, muebles, utensilios
domésticos y otras cosas del hogar que ya no usa hace bastante
tiempo?
...Y dentro suyo?...Usted tiene el hábito de guardar broncas,
resentimientos, tristezas, miedos, etc?
No haga eso. Es anti-prosperidad.
Es preciso crear un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas
lleguen a
su vida.
Es preciso eliminar lo que es inútil en usted y en su vida, para que
la
prosperidad venga.
Es la fuerza de ese vacío que absorberá y atraerá todo lo que usted
desea.
Mientras usted está material o emocionalmente cargando cosas viejas
e
inútiles, no habrá espacio abierto para nuevas oportunidades.
Los bienes precisan circular. Limpie los cajones, los armarios, el
cuarto
del fondo, el garaje...
Regale lo que usted ya no usa.
La actitud de guardar un montón de cosas inútiles amarra su vida.
No son los objetos guardados que estancan su vida, sino el
significado de
la actitud de guardar.
Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia.
Es creer que mañana podrá faltar, y usted no tendrá medios de
proveer sus
necesidades.
Con esa postura, usted está enviando dos mensajes para su cerebro y
para
su vida:
1º... usted no confía en el mañana
2º... usted cree que lo nuevo y lo mejor NO son para usted, ya que
se
alegra con guardar cosas viejas e inútiles.
Deshágase de lo que perdió el color y el brillo y deje entrar lo
nuevo en
su casa... y dentro de si mismo...
tema 4
Autor: V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe
Fecha: 31/05/2007
País: Brasil
Ciudad: Aparecida
Mensaje de la V Conferencia General a los Pueblos de América Latina y el Caribe
En Medellín y en Puebla terminamos diciendo “CREEMOS”. En Aparecida, como lo hicimos en Santo Domingo, proclamamos con todas nuestras fuerzas: CREEMOS Y ESPERAMOS.
Esperamos…
*
Ser una
Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y
en la Eucaristía..
*
Vivir nuestro ser cristiano con alegría y
convicción como discípulos-misioneros de Jesucristo.
*
Formar
comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción
misionera.
*
Valorar las diversas organizaciones eclesiales en espíritu
de comunión.
Promover un laicado maduro, corresponsable con la misión de anunciar
y hacer visible el Reino de
Dios.
*
Impulsar la participación activa de la mujer en la sociedad y en la
Iglesia.
*
Mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y
evangélica por los pobres.
*
Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad,
vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos.
*
Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción
del Reino.
*
Fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida.
*
Valorar y respetar nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes.
Avanzar en el diálogo ecuménico “para que todos sean uno”, como
también en el diálogo interreligioso.
*
Hacer de este continente un modelo de reconciliación, de justicia y
de paz.
*
Cuidar la creación, casa de todos en fidelidad al proyecto de Dios.
*
Colaborar en la integración de los pueblos de América Latina y el
Caribe.
¡Que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz!
Aparecida – Brasil, 29 de Mayo de 2007
tema 5
DE LA NOCHE A LA LUZ
Este aporte, que agradecemos mucho al padre José Luis Ysern, profesor, psicólogo, teólogo y asesor de Amac Chillán, nos ilumina para ver nuestro propio proceso personal en la Fe a través de la persona de Nicodemo, desde el evangelio de Juan, regalándonos una mirada actual, sencilla y fácil.
Proceso: realidad, palabra, concepto conocido, vivido y aplicado en Amac para nuestra vida y para aprender a respetarlo en los demás.
Nos permite conocer mas a Jesús, a Juan, a Nicodemo y a nosotros mismos.
Nos motiva a confiar y seguir entregando la luz que el Señor ha depositado en cada uno.
La narración contenida en el cuarto evangelio (evangelio de Juan) va mucho más allá que la descripción de unos cuantos acontecimientos históricos. Si Juan los toma en cuenta es para hacer de ellos una lectura teológica, de gran fuerza dramática y simbólica, que no podemos dejar pasar por alto si es que deseamos aprovechar la enorme fuerza didáctica de este Evangelio. Nada en él está dicho por azar, ningún acontecimiento, nombre, número o personaje, está puesto en él por casualidad. Las personas, los lugares, los acontecimientos y cronologías que aparecen en el evangelio de Juan están ahí para darnos a conocer de mejor manera la persona de Jesús y su buena noticia (evangelio) de salvación. Es lo que ocurre con la persona de Nicodemo; su presencia en el evangelio de Juan nos ayuda a comprender mejor nuestra relación con el Señor.
Confrontación entre la luz y las tinieblas.
Desde el principio del evangelio de Juan se presenta una clara confrontación entre la luz y las tinieblas. Jesús es identificado con la luz, mientras que el mal se identifica con el poder de las tinieblas, y parece a veces que las tinieblas son más poderosas que la luz. En el principio existía la luz, y la luz era la vida de los hombres, la luz brilla en las tinieblas pero las tinieblas no la acogieron (Jn 1, 4 – 5). Pero cuando parece más grande el poder de las tinieblas, en la crucifixión de Jesús, es cuando la luz brilla con más fuerza. La simbología usada por los evangelistas es muy clara: se oscurece el sol, las tinieblas invaden el espacio, tiembla la tierra, pero también en ese momento se rasga el velo del templo (servía para ocultar el lugar sagrado del altar), del costado de Jesús brota sangre y agua (Bautismo y Eucaristía), las tumbas se abren, la gente reconoce que este crucificado es verdaderamente el hijo de Dios.
Este es nuestro propio drama personal: nuestra vida se debate entre luces y sombras. También nosotros nos hemos visto muchas veces envueltos en densas tinieblas, y cuando menos lo esperábamos, o de donde menos lo esperábamos, de aquellas tinieblas surgió una gran luz que transformó nuestras vidas o que nos hizo ver la vida de otra manera mucho más real y fecunda.
Nosotros y los personajes del Evangelio.
La vida de cada uno tiene que ser contrastada ante la propuesta que nos hace el Evangelio de Jesús. Podemos vernos muy bien reflejados en muchos de los personajes que nos presenta el Evangelio de Juan, pues en ellos, al igual que en nosotros, existen espacios de luz y de tinieblas. Hemos de recorrer un proceso parecido al de ellos mismos. ¿No hay en cada uno de nosotros algo del hombre sin doblez ni engaño que es Natanael, o del Felipe buen comunicador, o de la samaritana del pozo, algo dubitativa al principio pero tan apostólica laica después? Cualquiera de estos y otros personajes de Juan puede contener más de algún dato de nuestra propia personalidad. ¿Qué decir de la mujeres que seguían a Jesús, y que lo hicieron hasta el pie de la cruz? Un personaje interesante, casi desapercibido y olvidado, en el que se va dando el proceso de tránsito de las tinieblas a la luz, es Nicodemo.
Algunos personajes del cuarto evangelio aparecen una sola vez (samaritana, Pilatos, ciego de nacimiento) y en su fugaz aparición toman partido definitivamente por la luz o las tinieblas. Otros aparecen varias veces (Pedro, Judas, Tomás) y en esas apariciones vamos apreciando el recorrido de su proceso personal que los lleva de la luz a las tinieblas, o de estas a la luz.
Nicodemo aparece tres veces en el Evangelio de Juan: al principio, al medio, y al final. En esas ocasiones se nos va presentando como un hombre en continuo cambio progresivo a mejor, a mayor valentía, honradez, amor por la justicia. Su metamorfosis es interesante, pues se ve en él todo un proceso de conversión gradual que va pasando por etapas desde las tinieblas a la luz. Todos los personajes del cuarto evangelio tienen una dimensión simbólica, están puestos ahí con alguna intención, significan algo (lo cual no quiere decir que sean personajes de ficción). Nicodemo es como un drama en tres actos, y en cada uno de ellos se presenta una dimensión de la evolución del personaje. Es alguien que va caminando desde la noche del principio hasta la luz del final.
¿Quién es Nicodemo?
Se nos presenta en Juan 3, 1 - 21 como un magistrado de la Ley, es entendido en las Sagradas Escrituras, encarna la figura del doctor de la Ley, del intelectual judío de la época. Él no es como la mayoría de los discípulos de Jesús o como la mayoría de los doce apóstoles, gente sin letras ni formación intelectual; Nicodemo nos ayuda a ver que también los intelectuales y gente crítica de buen corazón pueden acercarse a Dios y le pueden encontrar. De hecho, en la narración de Juan, este hombre ilustre, que al principio aparece temeroso y oculto, más tarde fue capaz de dar la cara por Jesús, en momentos bien difíciles, y cuando otros de sus amigos más cercanos le abandonaron y se alejaron de él.
Proceso de liberación.
Cuando nos desarrollamos como personas en forma integral vamos pasando de formas de ser más infantiles e inseguras a otras de más adultez y seguridad. Partimos siempre con nuestros miedos y temores, y poco a poco los vamos dejando de lado porque nuestra personalidad va adquiriendo mayor seguridad. Es lo que vemos en el caso de Nicodemo.
- Nicodemo de la primera escena.
Al principio (Jn 3, 1 – 21) Nicodemo es un hombre lleno de temores y cuidados. Admira a Jesús, sabe que lo que él enseña es distinto a lo de otros iluminados y profetas espontáneos, pero por otro lado, viene a Jesús de noche porque no quiere ser visto y no desea comprometer su prestigio. Es un hombre precavido y cuidadoso. Al hablar con Jesús expone sus dudas, y cuestiona las propuestas de Jesús. Aunque muestra verdadero interés por lo que este le enseña, sigue con sus esquemas antiguos. Jesús le habla de renacer, de volver a una vida nueva, de dejarse llevar por el impulso del Espíritu que, al igual que el viento, sopla sin que sepamos de donde viene ni adonde va, pero Nicodemo es hombre de esquemas, leyes, reglas y normas, y no entiende ese lenguaje de aire fresco del Espíritu. Ante esa propuesta de Jesús acerca de la necesidad de volver a nacer, de empezar de nuevo, se pregunta si acaso un hombre ya adulto puede volver a entrar en el cuerpo de su madre para nacer de nuevo. Es un hombre bueno y bien intencionado, pero amarrado a sus estructuras por sus propias cadenas.
Es de esa clase de hombres a los que se refiere Eric Fromm cuando dice que el hombre de hoy es un esclavo sin cadenas visibles. Nacer de nuevo, en la mentalidad de Jesús, significa dejarse llevar por la fuerza del Espíritu, ser libres como un pajarillo del campo, y sobre todo dejar de lado los envases viejos que nos amarran e inmovilizan como un chaleco de fuerza.
Jesús habla de odres nuevos para vinos nuevos; a nosotros nos pasa que queremos continuar con los mismos odres de siempre, las mismas estructuras, reglamentos, criterios. Nos es difícil cambiar. Y por eso nos cuesta abrazarnos al plan liberador de Cristo; aunque nos gusta y atrae su pensamiento, nos asusta su estilo de vida tan libre y a la vez tan comprometido. Nicodemo, al principio, aunque admiraba a Jesús, no estaba en condiciones de seguirle con todas las consecuencias; se siente amarrado todavía por demasiados intereses creados, demasiadas leyes, reglas, normas, presiones de su propio grupo.
También la Iglesia, y nosotros al interior de ella, debemos estar revisándonos continuamente por si, a causa de algunas normas, reglas, prescripciones, leyes, no somos capaces de percibir y vivir la savia nueva del Evangelio. Es posible que con la mejor intención del mundo nos hayamos esclavizado a una serie de criterios no evangélicos sino humanos, que nos impiden la agilidad, libertad y alegría necesarias como para poder dejarnos llevar con agilidad por el soplo liberador del Espíritu de Jesús.
Este Nicodemo de la primera vez es el hombre pecador que nos identifica a cualquiera de nosotros. Hemos de adquirir otra mentalidad respecto al pecado, si es que queremos ser fieles a la concepción que sobre el mismo tiene el evangelio de Juan. Nosotros tenemos una concepción del pecado en la línea de la marginalidad: el pecado de la adúltera, la prostituta, el ladrón, el delincuente común, y el asesino. Hemos de cambiar nuestro cliché respecto al pecado.
Para Juan no hay mayor pecado que la resistencia a la fe en Jesús, la resistencia a esa fe que es fidelidad a la Palabra de Dios. Este pecado se encuentra no sólo en los pecadores vulgares, en los que cometen pecados que suenan burdos, sino también y sobre todo en aquellas personas “bien”, que son consideradas los intelectuales y dirigentes de la sociedad y los líderes religiosos. A ellos van dirigidos los tan repetidos reproches de Jesús cuando a sus discípulos y seguidores los llama hombres de poca fe.
Este primer Nicodemo viene a Jesús de noche (Jn 3,2). Palabra que aparece 8 veces en el Evg. de Juan:
- 3,2: vino a Jesús de noche;
- 7,50: Les dijo Nicodemo, el que vino a Él de noche;
- 9,4: Yo obro las obras del que me envió mientras es de día; viene la noche, en que nadie puede trabajar.
- 11,10: si uno camina de noche tropieza porque le falta la luz.
- 13,30: Judas, habiendo tomado el bocado salió inmediatamente. Era de noche.
- 19,39: Vino también Nicodemo, el que la primera vez había venido a él de noche;
- 20,19: Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros;
- 21, 3: salieron y subieron a la barca. Y en toda la noche no pescaron nada.
La noche del Nicodemo de la primera escena representa miedo a los judíos; no quiere ser visto porque no desea que los demás descubran su interés por Jesús; se juega su status social y prestigio. Pero la noche representa también la ausencia de luz, aquella oscuridad que nos impide caminar y nos puede hacer tropezar y caer. En Juan la noche es entendida como tinieblas del corazón, una actitud espiritual poco clara, confusa, o directamente mal intencionada. ¿Cuántas veces no nos hemos visto inundados por ese tipo de noche del corazón; corazón en tinieblas y en confusión?
En el caso de Judas el proceso corre la dinámica de la luz a las tinieblas; en el de Nicodemo, en cambio, de las tinieblas a la luz. Los niños tienen miedo a la oscuridad, pero muchos adultos temen a la luz: El que obra el mal odia la luz y no va a la luz para que no se descubran sus obras. El que obra la verdad se acerca a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras son según Dios (Jn 3,20 - 21).
La tentación más grande que tenemos los seres humanos no es la de la seducción carnal sino la del instinto de poseer y la del miedo a perder nuestro prestigio, nuestro status social, nuestra independencia. Es la soberbia de la vida la que nos lleva a todos los pecados (Ignacio de Loyola). Para superar este pecado Jesús no busca arreglos cosméticos, superficiales; su fórmula implica un imperativo de radical exigencia: “tienes que nacer de nuevo”. Este imperativo implica morir a lo que tenemos que morir, a lo que en cada uno de nosotros ya está caduco, y a lo que sin embargo solemos aferramos con tanto ahínco.
El Nicodemo del primer encuentro con Jesús no se convierte del todo pero empieza su proceso de conversión; queda fijado todavía a sus esquemas rígidos y no capta del todo el mensaje de novedad de Jesús. Sigue en la noche, pero ya empieza a acercarse a la luz.
Es lo mismo que nos pasa a cada uno de nosotros. Todavía no entiende bien lo que le propone Jesús acerca del Reino: morir al hombre viejo para nacer al hombre nuevo. También a nosotros nos cuesta entender y vivir ese mensaje. Nacer al Espíritu que nos lleva por nuevos derroteros de intrepidez y valentía, de justicia, amor y verdad; liberados de esquematismos rígidos y de reglamentos humanos poco o nada facilitadores de los valores del Reino.
Jesús invita a Nicodemo a que se ponga a los pies de la cruz y mire al que sea levantado en ella, como los israelitas del éxodo se liberaron del veneno de la serpiente mirando la imagen de serpiente que Moisés hizo levantar. Parece contradictorio para Nicodemo que se pueda obtener la salud ante un crucificado, un condenado a muerte, cuando en el esquema de él, el condenado a muerte es un maldito de Dios. Pero en esa cruz se revela el Amor de Dios que Nicodemo todavía no alcanza a comprender.
Después de este encuentro de Nicodemo con Jesús nada hay que nos indique que la conversión haya concluido; no ocurre como con la samaritana y el ciego de nacimiento que terminan su encuentro con Jesús con una declaración expresa de su fe en el Señor. No se ha convertido, pero lo cierto es que ese encuentro con Jesús supuso un hito que marcó la vida de Nicodemo en un antes y un después. Este hombre aparecerá más veces en el Evangelio, y ese encuentro con Jesús irá dando sus frutos que se verán más adelante.
Es un hombre como cualquiera de nosotros; tiene que cumplir un proceso evolutivo algo lento. Lo importante es que es un hombre sincero, honesto, que busca sinceramente la verdad, y la verdad se le hará presente y le hará libre. Requiere tiempo como cualquiera de nosotros; hay algo de misterioso en el tema de la fe, y cada persona es también un misterio. Cada uno tiene su propio ritmo, y Dios es muy respetuoso con el ritmo y la libertad de cada persona.
Expresamos esta verdad en un signo litúrgico vivido en la Eucaristía. En el pequeño fragmento de hostia consagrada que el sacerdote deposita en el cáliz antes de acercarnos a comulgar, se representa la comunión (común unión) de todos los creyentes de distintos lugares y ambientes; ese pequeño trozo de pan consagrado representa el alimento que se guarda en la casa del Padre para hacérselo llegar al hermano ausente. ¿Cuándo llegará ese hermano, o cuándo le llegará a él ese pan? Sólo Dios lo sabe, pero es suyo, y para él está reservado. Cada uno vive su propio proceso de conversión, de vuelta a la casa del Padre.
Algo de esto se representa en una costumbre piadosa muy amada de los cristianos orientales cuando, al acabar la liturgia eucarística, cada uno se lleva a la casa parte del pan bendito que no fue consagrado en la Eucaristía, pero del que se obtuvo el pan de la consagración. Con ese pan bendito que llevan a sus casas quieren hacer participar de alguna manera los beneficios de la misma eucaristía a los ausentes de la Misa, a los que no asistieron ni participaron en el banquete eucarístico, pero que son hombres y mujeres de buena voluntad.
- Nicodemo de la segunda escena.
Nicodemo reaparece más adelante cuando la polémica entre Jesús y los fariseos se hace más agresiva y peligrosa. A Jesús se le está acusando de lo peor: es un pecador, es un endemoniado y samaritano, blasfemo, embaucador, hijo de prostitución. Se trata de desacreditarle a él y a su mensaje en todos los aspectos. Ahora, cuando todo se pone contra Jesús, cuando las personas más influyentes y de poder le atacan en forma inmisericorde, Nicodemo se atreve a dar la cara por él: ¿Acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle oído antes y sin saber lo que hace? (Jn 7,51). La respuesta de los fariseos no se hace esperar: ¿También tú eres de Galilea? Estudia y verás que de Galilea no sale ningún profeta. (Jn 7,52).
Hieren a Nicodemo donde más le duele: le acusan de ignorante y debe dedicarse a estudiar; ha puesto en duda la doctrina oficialmente correcta. Quizá esto le sirvió a Nicodemo para darse cuenta de la vaciedad de esa doctrina, y de la estupidez de un sistema montado en tales esquemas. Es su propio sistema, aquel en el que siempre ha creído y en el que se ha formado desde niño, el que ahora está poniendo en tela de juicio. Algo se tambalea a sus pies; debe ser muy duro a esa edad darse cuenta de que el sistema en el que siempre había creído, o parte importante de él, se hace ahora trizas. Está llegando la hora del discernimiento y las decisiones. Tomar decisiones consecuentes y coherentes con el propio pensamiento y valores, cuando estos van en contra de lo que siempre ha sido tomado como regla única e infalible, es costoso y se puede perder mucho: prestigio social, status, amistades, círculo de influencia y poder, etc. Una decisión contra corriente comporta no pocas humillaciones y desprecios. De ahí la indecisión de muchas personas a la hora de enfrentarse ante estas situaciones de conflicto.
Este Nicodemo de la segunda escena nos habla de la importancia que en la vida tiene la formación de nuestra conciencia; la importancia de la sólida formación doctrinal, intelectual, pero también emocional. Los cristianos hemos de ser adultos en la fe para ser capaces de tomar decisiones en conciencia, a veces incluso actuando de manera que no va tan de acuerdo con algunas normas y criterios que han permanecido durante mucho tiempo en nuestro ambiente, pero que posiblemente pertenecen ya al hombre viejo y son incompatibles con el vino nuevo del Evangelio. Seguir a Jesús tiene que ser una decisión personal y libre, de gran responsabilidad, pero a la vez de una gran exigencia, pues muchas veces supone ir contra corriente al interior del propio grupo.
Durante la vida apostólica de Jesús, hemos visto no pocas deserciones por parte de sus mismos seguidores, sobre todo cuando sus propuestas exigían una firme decisión personal. Recordemos por ejemplo los discípulos que dejaron de seguirle cuando se puso más exigente respecto a las condiciones que debieran reunir las personas que desearan dicho seguimiento: A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: "¿Quieren marcharse también ustedes?" (Jn 6, 66 – 67).
- Nicodemo de la tercera escena.
Por última vez aparece este hombre para dar a Jesús una sepultura digna. Aparece cuando otros, más cercanos a Jesús, han desaparecido. Jesús ya ha sido levantado en alto en la cruz, y ha muerto en ese patíbulo para criminales.
Ya se están cumpliendo los tres efectos anunciados por Juan, derivados de la crucifixión de Jesús: a) Salvación para los que le miren con fe (3,15). b) Revelación de lo que es y significa el mismo Jesús: entonces conocerán todos que Yo soy (8, 28). c) Atracción cristocéntrica: Cuando sea levantado en alto atraeré a todos hacia mí (12, 32).
A partir de la muerte de Jesús, la cruz ya no es más un elemento revulsivo como corresponde a todo instrumento de muerte y tortura, sino que se convierte en signo de salvación, gracias a ese Jesús crucificado que es polo de atracción para todo hombre de buena voluntad.
Esta imagen usada por Juan, y que presenta a Jesús como polo de atracción, aparece muy presente en las narraciones de la resurrección. Son narraciones que expresan muy bien ese poder de atracción de Jesús, pero es una atracción que requiere de la acción apostólica. Así por ejemplo, en Jn. 21, 6 – 11 los discípulos que regresan de su pesca viven la experiencia de la resurrección al sentirse irresistiblemente atraídos por ese Señor que ven en la playa, pero son ellos los que tienen que ir “tirando” de la red que se ha llenado de peces (153, número equivalente al de países entonces conocidos). “Los discípulos de Jesús se convierten en mediadores de ese poder atrayente” (M. Moreno. ST, Marzo 2004. p 239). Nosotros tenemos que demostrar con nuestra forma de vida esa fuerza irresistible de la atracción de Jesús; Nietzsche no vio eso en los cristianos.
Es la misma experiencia que vivió Nicodemo. A causa de esta atracción por el Señor se atreve a ir a Pilato para pedir el cuerpo de Jesús (19, 38 – 39). Este hombre es el mismo que al principio había acudido a Jesús de noche por miedo a los fariseos, pero ahora Nicodemo ya ha salido totalmente de la noche, y la luz se ha hecho en él. Se han disipado las tinieblas de su corazón, y por eso camina en la luz.
Ahora, cuando las cosas son más difíciles, cuando Jesús ha sido juzgado y condenado como criminal de máxima peligrosidad, ahora que todos se alejan de Jesús, y ni los más amigos se atreven a dar la cara por él, es cuando Nicodemo sale en público y se muestra partidario de Jesús sin ningún recelo o temor. Con su gesto, Nicodemo cumple “el deber más sagrado que hay en el judaísmo hacia el padre y el maestro: darle una digna sepultura, y ello precisamente cuando los propios discípulos oficiales andan huidos” (ib).
El derroche exorbitante de perfume que Nicodemo lleva para honrar la sepultura de Jesús (cien libras de mirra perfumada y áloe) es todo un símbolo: corresponde a alguien muy superior a la dignidad real. Jesús se ha convertido para Nicodemo en el rey de reyes, dando así un sentido teológico al letrero que ha sido fijado en lo alto de la cruz: Jesús pasa así a ser mirado como el Rey de la Creación, que merece todo amor, adoración y gloria. Nicodemo se ha convertido: Jesucristo es su único Señor, y el nuestro. El Espíritu Santo renovador, dador de la plenitud de dones, vendrá a confirmar el señorío absoluto de Jesús resucitado, Alfa y Omega.
José Luis Ysern de Arce.
2007.
