VIVIR O SOBREVIVIR

4 de junio de 2009

Charla Maximiliano Figueroa para Amac

Filósofo UC, profesor U. Alberto Hurtado

 

El tema a tratar consiste en definir lo que es una alternativa fundamental: “Vivir o sobrevivir”, es pretender darle densidad, hondura, volumen al tema en cuestión.

Independiente de la edad que tengamos, por el solo hecho de ser habitante de este mundo moderno, experimentamos un estilo de vida inclinado, propicio más al sobrevivir que al vivir.

Martín Heidegger, filósofo fallecido en 1976, hace un diagnóstico relevante de la sociedad moderna y dice: “El hombre moderno está en fuga del pensar”, cada vez piensa menos.

¿Cómo sostener esto cuando nunca antes el avance científico había tenido un desarrollo tan espectacular?

Él clasifica las formas del pensar en:

  • Pensamiento calculador
  • Pensamiento reflexivo

El pensamiento calculador es un pensamiento que calcula, mide, proyecta, planifica, siempre en función de lograr control, dominio, eficiencia, utilidad, usufructo. Y comprende a la trilogía de la ciencia, la técnica y la economía. Este trío está opacando hoy al pensamiento reflexivo, se presenta hegemónicamente como el único posible, adecuado para nuestra época, se coloca como la única fuente de criterios para tomar decisiones, para mirar la realidad. El pensamiento calculador está imperando hoy, trata de apoderarse de toda la escena. La perspectiva reflexiva está descuidada, en fuga, en desventaja y tiene poca relevancia.

 

Estamos viviendo una época calculadora.

Y sin embargo no hay pensamiento bueno y malo, ambos son necesarios, porque responden a distintos requerimientos y objetivos del ser humano.

Anterior a Heidegger, Blas Pascal, matemático francés, filósofo y pensador religioso, en el siglo XVII, cuando la época moderna se estaba gestando, advierte de la tendencia al espíritu geométrico. Es el tiempo en que la ciencia se muestra como todopoderosa, es el tiempo de Galileo Galilei con sus descubrimientos. Y entonces él dice: “se está perdiendo el espíritu de fineza”.

La fineza nos abre a otros sentidos como la filosofía, la poesía, la meditación religiosa.

La modernidad se ha centrado en la razón instrumental que todo lo convierte en medios y se ha perdido la razón sustantiva que apunta hacia los fines.

Einstein nos dice: la sociedad moderna tiene multiplicación de medios y confusión de fines.

 

¿A qué requerimientos humanos atiende cada uno de estos pensamientos?

El pensamiento calculador que incluye a la ciencia, la técnica y la economía responde a una necesidad primaria, nos proporciona las condiciones materiales para sobrevivir, nos dice qué cosas tienen utilidad, que las cosas tienen precio y que hay que tener lo necesario.

Pero el ser humano no sólo necesita sobre-vivir. Necesita del pensar, de la poesía, de la meditación religiosa y estas instancias caben solo en el vivir.

El sobre-vivir sólo necesita:

de medios en reemplazo del fin
de utilidad en reemplazo del sentido
de precio en reemplazo del valor
del tener en reemplazo del ser

Cuando me pregunto ¿cómo vivir? empieza a aparecer otra forma de asumir la vida, incorporando el mirar, el visualizar, el reflexionar, el pensar.

El vivir incorpora:

el fin a los medios
el sentido a la utilidad
el valor al precio
el ser al tener

Estamos entonces en un tipo de sociedad que pone en el centro de su dinámica, en el centro de la vida de las personas, el sobre-vivir antes que el vivir. Y para ello educa, forma a las personas en esta línea para que sean parte de ella, a través de los medios de comunicación, de los colegios y muchas veces de la familia.

 

Consecuencias posibles de este tipo de sociedad:

Que las personas ya no distingan entre los medios y el fin, entre la utilidad y el sentido y se llegue a pensar que las cosas tienen valor en la medida que tienen precio. Y las personas crean estar viviendo cuando están sobre-viviendo.

Una lógica mercantil hace que todo tienda a tener precio como los parques públicos, las calles, la educación, la salud, la vida humana, la Navidad , la Semana Santa , etc. Cuando el cálculo se apodera de todo, el mundo se torna frío. Hay cosas que no pueden tener precio, porque si tienen precio dejan de tener valor.

Si existe un medio que tiene la capacidad de otorgarnos todos los otros medios, éste se transforma en fin, por ejemplo, el dinero, “don dinero”.

Que todo se valore como un medio, que el ser humano llegue a pensar que la educación y el trabajo se vivan y experimenten solo como medios, con escaso valor en sí mismos. Ya que lo propio de un medio es que su valor le viene del fin, su valor es externo a él, no intrínseco. Y 20 años de educación más 40 años de trabajo serían solo un trámite, o sea 60 años de la vida en un trámite, ¿para qué? para sobre-vivir. Ya no estaría el sobre-vivir en función del vivir, sino el vivir en función del sobre-vivir.

Que de tanto buscar y formarse para sobre-vivir en una sociedad competitiva, el vivir se transforme en sobre-vivir, y esto significaría que pasaríamos la vida por encima de ella sin hacer la experiencia de vivirla. Erick Fromm, psicólogo alemán, nos dice: “Morir es triste, pero morir sin haber vivido es insoportable”.

La alternativa fundamental para todos y en todo momento de la vida se convierte en vivir o sobre-vivir, entre vivir de verdad o vivir pasando la vida por encima. Aquí se juega la relación conmigo mismo, con los demás y con Dios.

¿Qué significa vivir de verdad?

Hablamos de la fuga del pensar, de la fuga de la reflexión. El reflexionar no es una actividad propia del intelecto, abarca y nutre todos los campos de la vida humana. Estamos en una época positiva en que se ha ampliado nuestra comprensión del ser humano, por mucho tiempo lo intelectual, lo teórico-abstracto se identificaba con la racionalidad, hoy hablamos de la inteligencia emocional, que tiene que ver con el saber vivir, con una conciencia más integral de la vida, que toca al intelecto y a la emoción a la vez.

 

La reflexión es un acto existencial, soberano, libre, de autodefinición.

Reflexionar es el acto de vivir en sociedad con uno mismo, es el gesto de vivir con conciencia indagando quién soy, qué quiero. Tiene que ver con conocerse, respetarse, vincularse, conectarse, amigarse, amarse. La reflexión me permitirá ser fiel a mí mismo, para encauzar mis energías hacia la mejor versión de mí mismo, uno no para de construirse. La fuga del pensar es la fuga de nosotros mismos, es la fuga de la vida. La sociedad moderna nos tiene en permanente estado de postergación de nosotros mismos, incluyendo la religión.

Sócrates: “Yo siempre escucho la voz que llevo dentro”. Voz interior, alma, intuición.

Humberto Gianini: “El ser humano puede llegar atrasado consigo mismo, porque puede vivir disociado por los roles que lo gobiernan”.

Con respecto a las mujeres, uno de sus problemas es la postergación de sí mismas, suelen ser incapaces de decir que no, creyendo que hacen con esto gestos de amor, sin darse cuenta que cuando son tantos los actos de amor, podría haber detrás de esto, diseños pre-definidos, cultura, educación, religión que no las dejan optar y las mantienen sin discernimiento, dañando así al amor.

 

Vivir es tener experiencias de sentido.

¿Cómo saberlo, cómo reconocer cuando uno tiene experiencias de sentido? Es todo aquello que me provoca, me motiva, me hace implicarme, por lo mismo siempre es personal. El sentido es el gran nutriente del ánimo, es la gran fuerza implicadora, la gran fuerza nutricional, por eso el amor es la principal fuente de sentido. Las personas que viven con sentido, que se mueven por amor, tienen una energía alta, al hombre feliz se el nota, porque vive habitado por un Buen Espíritu, por una energía amorosa.

En griego, felicidad, se dice “eudaimonía”, eu=bueno, daimon=espíritu, energía.

Nietsche: “La vida es mujer”. Quizás haya querido decir que estamos llamados a atrevernos con ella, a relacionarnos amorosamente en una relación erótica, donde se produzca la fertilidad, donde generemos más vida cualitativa, es decir más vida.

Nuestro Papa BenedictoXVI, ha asociado en sus últimos escritos a Cristo con el sentido, aparte de ser el camino, la verdad y la vida. En realidad de esto se trata, Cristo es la respuesta al problema del sentido, El es la clave para los cristianos.

Por mucho tiempo Cristo fue asociado a la verdad intelectual y esto ha llevado a la Iglesia a cometer graves errores. Cristo en realidad es la verdad-sentido o la verdad de sentido. Cuando yo tengo la verdad puedo llegar a pensar que tengo derecho a juzgar, a imponer mi verdad, y frente a otros que no la tienen, el derecho a perder la paciencia. Cuando yo creo tener la verdad de sentido no puedo imponer mi verdad a otro, porque cometo un contra-sentido.

El sentido tiene que ser consentido, con-sentido. Si, como cristianos, nosotros entendiéramos que nuestra verdad es una verdad de sentido, tendríamos que ser más amorosos y pacientes con los que piensan distinto que nosotros y no los juzgaríamos. La verdad de sentido no se impone, ésta reclama la libertad del otro y ese otro debe elegir y consentir mi verdad o rechazarla. Podemos decir que el corazón opera muchas veces como co-razón.

 

¿Qué otorga la matriz bíblica al sentido de la vida?

Una respuesta a la pregunta por el sentido. Es una propuesta alternativa, en la cultura occidental, a la propuesta de la matriz griega.

Uno de los productos de la cultura griega es la filosofía, el amor a la sabiduría que se tradujo en amor a la objetividad, al conocimiento, a la certeza, a la ciencia, a la técnica, a la verdad a secas, de donde salió el autoritarismo, la negación de la emoción. El que tenía la razón tenía ciertos derechos.

La matriz bíblica tiene sentido tanto para los creyentes como para los no creyentes. Nos invita a un nuevo paradigma, a invertir el orden. La oferta de sentido es la sabiduría del amor, todo se pone al servicio del amor, lo más importante no es la verdad, no es la objetividad, es vivir el amor.

No hay nada nuevo, el mandamiento más importante es amar, amar, amar. Ama al prójimo como a ti mismo, que se puede traducir en: “Ama a tu próximo, porque eso eres tú mismo”. En la experiencia del amor, descubrirás tu auténtica verdad.