Charla

AMAC 2009

CICLO de FORMACIÓN CRISTIANA

16 de abril de 2009

 

JESÚS DE NAZARET, respuesta viva para el hombre de hoy:

MISIÓN, SERVICIO, DONACIÓN

Charla P. Agustín Moreira, S. J.

¿Qué imagen tengo de Dios?

La imagen primera que tengo de Dios tiene que ver con mis propias vivencias. Todo aquél que me haya transmitido amor, respeto, dedicación me ha transmitido algo de Dios.

En un encuentro en Calama con niños que vienen de familias desestructuradas, en que el padre ha sido un abusador, un golpeador, un ausente les pregunté, ¿cuál es la persona que más los conoce, que más los quiere? Dijeron: mi mamá, mi tía, mi abuela. En sus respuestas no apareció ningún hombre, yo no podía hablarles del amor de Dios Padre, entonces les hablé del Dios Madre.

Estamos inmersos en el mundo de las imágenes, por lo tanto yo también tengo una imagen de Dios, muchas veces tergiversada, no adecuada. La Iglesia transmitió durante mucho tiempo una imagen negativa y castigadora de Dios, acentuando el miedo en lugar del amor. Las personas que recibieron esta educación, tienen una imagen de un Dios lejano, castigador, que se fija sólo en sus caídas y no en su entrega, es el Dios de las pruebas.

Es muy difícil comunicarme con Dios si yo tengo una imagen mala de El. El Dios descrito arriba no da sentido a mi vida, nadie está dispuesto a dar su vida por El.

Para saber si yo tengo una buena imagen de Dios tengo que confrontarla con la imagen que Jesús me entrega de su Padre y de sí mismo.

Dios va preparando al pueblo elegido, Israel, para que éste vaya construyendo una imagen adecuada suya. Los israelitas rezaban mucho con los salmos, los sabían de memoria y allí podemos apreciar lo que ellos creían de Dios.

 

Sal 139: Tú me escrutas Señor y me conoces;

sabes cuando me siento y me levanto,

mi pensamiento percibes desde lejos;

de camino o acostado, tú lo adviertes,

familiares te son todas mis sendas. ….

Sal 103: Bendice, alma mía al Señor,

el fondo de mi ser, a su santo nombre.

Bendice, alma mía al Señor,

nunca olvides sus beneficios. ….

Is 43: Ahora así dice el Señor tu creador.

“No temas que yo te he rescatado,

te he llamado por tu nombre. Tú eres mío.

Si pasas por las aguas yo estoy contigo,

si por los ríos, no te anegarán. …

 

Sal 23: El Señor es mi pastor, nada me falta.

En verdes pastos me hace reposar.

Me conduce a fuentes tranquilas,

allí reparo mis fuerzas. ….

Estos textos hablan de un Dios cercano, fiel, que construye una alianza con su pueblo. Un dios que es padre, bueno, salvador.

Pero quien nos da la imagen perfecta de Dios es Jesús.

En la Parábola del Padre Bueno, nos muestra a un Dios que es Padre con un corazón capaz de amar en forma desproporcionada, que respeta la libertad y la voluntad de sus hijos, aunque la decisión del hijo menor no le gusta. Un padre que lo espera siempre a que vuelva, y cuando éste regresa no lo reta, sino se abalanza sobre él, lo abraza y lo besa. Un padre que invita al hijo mayor a comprender la hondura de su amor y a relacionarse como hijo y como hermano y no como esclavo.

En la Parábola del Buen Pastor, nos muestra a un Dios que es pastor que va al encuentro de la oveja perdida.

Es un Dios que nos ama con un amor infinito, que nos quiere desde siempre, que se compromete con el dolor de sus hijos, que hace una opción radical de habitar en cada uno de nosotros desde siempre y para siempre y este hecho yo no lo puedo cambiar. Ha hecho que cada uno sea templo del Espíritu de Dios. En esto radica la confianza en mí mismo. Si yo no me quiero, no puedo querer a otros.

La experiencia que yo tengo con el Fondo Esperanza, el Banco de los Pobres, es que las mujeres no se quieren, no se aceptan, no aceptan sus capacidades psíquicas, intelectuales, su físico, su historia personal.

Soy presencia de Dios para todos los hombres y si Dios así me quiere y así me acepta, no hay razón para que yo no me quiera y no me acepte.

Padre Hurtado: “Si Dios me quiere, me ama y me salva, no hay razón para que no esté contento.”

Nuestro proceso de crecimiento en sabiduría y en conciencia de que Dios nos ama incondicionalmente

Lc 2, 40: El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

Todos estamos llamados a crecer en sabiduría y amor de Dios. Y tenemos la responsabilidad sobre nuestros hijos y nietos para que ellos también crezcan en sabiduría y amor de Dios. Esto nos llevaría a tener una buena relación con Dios, con los otros, con la naturaleza y con las cosas materiales.

¿Cómo puedo tener yo una buena relación con Dios?

Teniendo una buena imagen, una imagen adecuada de El.

El es el creador de todo lo creado y es también creador mío

El es Padre, es Madre, es Hermano

Es cercano, está en mi intimidad, en la naturaleza

El es mi amigo, mi hermano, mi todo

El no se desentiende de mis problemas, El me acompaña desde siempre y para siempre

Con El me puedo comunicar en la medida en que me voy haciendo más contemplativo en la acción.

Esta es la imagen que Jesús me trae.

San Agustín fue un gran buscador de Dios, pero lo buscaba en lo externo, y cuando realmente lo encuentra es en lo mas íntimo de su ser.

¿Cómo puedo tener yo una buena relación con las personas?

La sabiduría me habla de una relación buena con las demás personas cuando las trato como hermanos . ¿Cuánto cambiaría mi familia, mi trabajo, mi ciudad si nos tratáramos como hermanos?

¿Cómo se relaciona Jesús con todos los hombres? El nos enseña a tratar a los seres humanos desde un trato profundo de amor y de respeto, lo hace así con los pobres, con las mujeres, con los enfermos, con los poderosos, con el poder religioso y hace de este encuentro un hecho transformador.

Transforma la vida de la samaritana, de Mª Magdalena, de Zaqueo el publicano, de Bartimeo el ciego, de los niños. Invita a los fariseos a cambiar el enfoque de la vida, ellos se fijan en la ley por sobre las personas, por sobre el amor.

La mujer prostituta que es llevada por un grupo de hombres ante Jesús para ser juzgada y apedreada, se transforma, se encuentra por primera vez con un ser que no mira su cuerpo como una mercancía, que es tratada con respeto y sin juicio.

El leproso, discriminado tanto por la religión como por lo social, intocable porque contagia, Jesús lo toca, no se contagia, lo sana y lo incorpora a la sociedad.

Una relación adecuada entre los seres humanos pasa por reconocernos como hermanos.

¿Cómo puedo tener una buena relación con la naturaleza?

La naturaleza es nuestra casa. La casa que hemos modificado para hacerla más habitable, más confortable. Sin embargo, le hemos infringido tal magnitud de daño y destrucción que tiene evidentes signos de enfermedad y de muerte. Hoy más que nunca estamos llamados a tener una actitud más sabia con la naturaleza.

Vemos la belleza no contaminada en una montaña nevada, en el desierto, en la infinitud de las estrellas, en los valles, en los lagos. Dios nos habla a gritos y nos dice: ¡Aquí estoy presente! Esta maravilla no podemos seguir destruyéndola. El nos llama a una actitud más contemplativa.

En el Génesis, Dios crea dejando orden, belleza, armonía, bondad. Crea al ser humano a imagen y semejanza suya, lo anima y le dice, Tú eres el administrador del universo, puedes modificarlo, pero debes cuidarlo.

Debemos llegar a tener un cambio de hábitos, ya que hemos alcanzado tal capacidad de poder y conocimiento, que paralelamente a éstos, tenemos que hacernos cargo de sanar las heridas que a nuestra casa le hemos infringido.

Darwin, en 1835, mirando a Valparaíso desde el Cerro La Campana , dijo: ahora entiendo por qué la ciudad se llama Valparaíso, “el valle del paraíso”. El, que recorrió Chile, tiene la mirada que otros no tienen, mira con tal admiración la naturaleza de Chile que ve en ella la huella permanente de Dios.

¿Cómo puedo tener una buena relación con las cosas?

La relación con las cosas materiales puede llevarme a la esclavitud. Este querer tener más y más pueden hacerme perder mi libertad y mi humanidad.

Las cosas las necesitamos tanto cuanto son para lo que fuimos creados, amar a Dios y a mis hermanos, pero sobre todo a mis hermanos, ya que si no los amo no puedo amar a Dios. Por eso es necesario que nos desprendamos de todas aquellas que nos esclavizan. Frente a ellas necesitamos ejercer nuestra libertad, no pueden apoderarse de nuestro discernimiento.

El sentido de la vida se juega en el amor al prójimo, la riqueza humana de la vida se da especialmente en el amor a los más débiles, los discapacitados, los ancianos, los enfermos, lo pobres.

A los niños necesitamos educarlos en la voluntad y la libertad frente a la pantalla de la TV y del computador y fomentarles el juego al aire libre, el deporte, en el contacto con la naturaleza, para enseñarles a no esclavizarse con las cosas.

MISIÓN, SERVICIO Y DONACIÓN

La misión que cada uno de nosotros tiene en su vida emana ciertamente de Dios y es también ratificada por Jesús. Y la descubrimos mirando a Jesús desde su Encarnación, en su vida, en los acontecimientos más significativos.

San Ignacio nos propone una manera de mirar al mundo desde la óptica de La Trinidad. La Trinidad mira al mundo que ha creado y lo mira con ternura, pero ve que algunos hermanos se han convertido en enemigos y hay mucha discordia entre ellos. Entonces Dios decide venir a salvarnos, a mostrarnos un camino de plenitud. Jesús, el Hijo de Dios, es enviado a nosotros para mostrarnos el camino del amor, en su humanidad se jugará también nuestra divinidad.

En forma genial, recurre a María y le propone un plan extraordinario, ser la Madre de Dios.

¿Qué pasa con María? ¿Cómo se ve ella?

María se ve mujer, se ve joven y se ve pobre en una cultura eminentemente machista donde ninguno de estos atributos significa algo importante.

¿Cómo la ve Dios ?

La ve capacitada para ser la Madre de Dios, la ve capaz de salvar a los hombres.

Dios hace obras inimaginables en nosotros. Si la vida de María es válida para su plan, es válida también la de cada una de nosotras. Nuestra mirada siempre es mucho más reducida que la que tiene Dios, por ejemplo lo que es capaz de hacer con nosotras a través de la maternidad. Ojalá tuviéramos la libertad de María de no achicar la misión que Dios nos tiene reservada. María lleva a Dios en su seno, lo amamanta, lo cría, lo forma y le entrega la imagen que ella misma tiene de Dios.

Jesús también tiene que ir descubriendo su identidad, él es el enviado de Dios, su Padre, y le pregunta ¿qué quieres de mí? Alrededor de los 30 años, sabe que Juan está bautizando en el Jordán y entiende que ha llegado su hora. Se hace bautizar por él, y se va al desierto en un retiro espiritual por 40 días al encuentro íntimo con su Padre para entender y preparar su misión. Allí recibirá el amor del Padre, la fuerza y la orientación para ejercerla.

¿Y cuál será esa misión?

Mostrarnos y entregarnos el amor infinito del Padre, el amor a toda la humanidad.

El amor se hace misión y la misión se hace cierta en el servicio a los demás, por donde se manifiesta.

Para entender el servicio,

Jesús nos habla en la Parábola del Buen Samaritano.

En este acto del samaritano, la persona no solo tiene una experiencia de hermano con hermano al cual salva, sino es allí una persona religiosa, se religa con Dios, que significa se vuelve a unir a Dios a través del amor que yo expreso a mi hermano, especialmente al más pobre, al solo, al caído, al triste.

Nos habla en La Última Cena.

En esta cena no sólo instituye el Sacramento del Sacerdocio, sino también el de la Eucaristía. Jesús nos muestra aquí el contenido de todo lo que ha sido su vida, el servicio. Se arrodilla y lava los pies a sus discípulos. Pedro al ver este gesto, propio de los esclavos, le dice: “ Señor, yo jamás permitiré que tú me laves los pies ”. Jesús le contesta: “Pedro, esto no lo comprenderás ahora, pero si tú no lo permites, nada de lo que hemos vivido tiene valor, nada de lo que hemos compartido tiene sentido.” Ustedes me han visto que soy el Maestro y el Señor y que les he lavado los pies. Si ustedes no están dispuestos a lavarles los pies a los demás, nada tiene sentido, él que no lo hace no puede ser cristiano. También tenemos que ser humildes para dejar que otros me laven los pies.

Este gesto, lo repetimos los sacerdotes todos los Jueves Santos, y yo lo hice en el Hogar de Cristo. Cuando lo hice este año con un hombre de la calle, éste se puso a llorar. Me levanté y lo abracé y sentí que sentía amado, dignificado.

El servicio nos abre nuevas puertas. En 1 Cor 13, el amor verdadero no busca su propio interés, busca hacer feliz al otro y paradójicamente esa felicidad se torna hacia mí.

Jesús jamás hace el servicio en favor suyo. Su influjo, su poder, su sabiduría es para sanar, para curar, para expulsar demonios, para regalarse, para servir, para lavar los pies.

LA donación . En Jesús la máxima expresión de su donación es la cruz, es el símbolo de la entrega total gratuita, de la donación de sí mismo, de la entrega del Padre por nosotros.

La cruz es soledad, dolor, angustia, miedo, tortura, burla, traición, desnudez y vergüenza, pero sobre todo entrega, gratuidad, donación de sí mismo, libertad y amor.

Libertad, “Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya”; el mismo gesto de María. Aquí se juega el sentido máximo de la libertad, hacer la voluntad de Dios. Junto a la cruz de Jesús estaba su madre y ella experimenta además el sufrimiento más atroz, más agudo, más hondo que un ser humano pueda sufrir, el sufrimiento vivo de su hijo. María, está ahí junto a su hijo, se recoge, ora y espera sin entender que Aquel que entregó solo amor pueda cosechar violencia, agresión, odio y muerte.

Termino diciendo que la Resurrección de Cristo nos trae un mensaje de la alegría.

Jesús es propuesta para el hombre y la mujer de hoy, porque nos regala un amor infinito, gratuito, libre y alegre.