Charla

  ¿Cómo ser discípulos y misioneros/as hoy?

P. JOSÉ MARÍA GUERRERO, SJ. 

Esta síntesis e interpretación del texto original es responsabilidad del equipo de personas a cargo del ciclo-taller realizado en la Parroquia Los Castaños durante el primer semestre del año 2007.

·        Antes del Concilio Vaticano II, los laicos eran los que obedecían, rezaban y pagaban… ¡Esto se acabó! Los laicos hoy tenemos la misma responsabilidad que la jerarquía en cuanto a la evangelización.

- Evangelización = anunciar el Evangelio, es decir, a un Dios Padre, todos hijos suyos y por lo tanto hermanos.

 ·        ¿Por qué se convocó a la 5ta Conferencia Episcopal en Aparecida? ¿Qué razones justificaban esta nueva convocatoria? ¿Para qué tanto esfuerzo económico, físico, espiritual, etc? La razón más importante fue que en estos últimos 25 años, el número de católicos ha disminuido considerablemente (un 20%). Muchos han emigrado a sectas, otros se declaran agnósticos o ateos, o bien católicos a “su manera”.

Si miramos la realidad política, económica y social, ésta ha sufrido grandes transformaciones. Tenemos por ejemplo:

-          Una globalización, que es más bien excluyente, no incluyente.

-          Aparición de líderes mesiánicos y de corte popular, no democrático.

-          Variado mercado de alternativas religiosas.

-          La lucha contra la pobreza se ha convertido en un imperativo ético y sobre todo evangélico a todo hijo de Dios debe tener lo mínimo para vivir con dignidad.

 Objetivos de la 5ta Conferencia Episcopal 

Son 4 principios básicos:

1.- Justicia: Para todos e igual para todos.

2.- Igualdad: Somos todos hijos de Dios, por lo tanto iguales en cuanto a dignidad, los servicios son diferentes. Mirar a la gente no de arriba - abajo sino a los ojos.

3.- Libertad: Una libertad responsable, no libertinaje.

4.- Solidaridad: Ayudarnos unos a otros.

            Frente a la pregunta: Ustedes cristianos, ¿quiénes son?¿a dónde van?¿de dónde vienen?. Para aterrizarlas se pusieron un marco:

·        Somos discípulos y misioneros del Señor. Ninguno puede serlo por vía libre (como llanero solitario), sino en comunidad.

·        Soñamos una Iglesia misericordiosa, acogedora, fraternal, comprensiva, anclada en la experiencia bautismal, con una red de relaciones fraternas en donde confesamos a un Dios Padre.

·        Iglesia inserta en la realidad, en el hoy, en el siglo XXI. 

Dimensiones del discípulo. 

1.- Fascinación por Jesús: Jesús aglutinaba no por su doctrina, sino por su persona. (Recordar que Él nos eligió a nosotros y no al revés). El discípulo ha tenido un encuentro personal con Jesús y se fascina con Él, se la juega por este proyecto, no por tradición, sino que por convicción. La vida cristiana entonces, no es la simple adhesión a una doctrina o ética, sino el encuentro con una persona: Jesús, en que tu vida cambia radicalmente.

2.- Conciencia de Fragilidad: Por este encuentro personal con Jesús, nacemos a una conciencia nueva: conciencia de fragilidad del propio pecado y de la misericordia del Señor. “En tu debilidad se revela mi fuerza” – dice el Señor. Confiar por lo tanto en sus fuerzas, más que en las mías.

3.- Vivir con Fraternidad: Reconozco que cada uno es mi hermano, nuevo modo de pertenecer a la comunidad.

-      En fin, lo que da fuerza al discípulo es el conocimiento experencial de Jesús, de Su amor entrañable, gratuito, inmerecido, que no me abandona nunca à experiencia fundamental de nuestra vida.

-     Esta experiencia debe ser apropiada a mi realidad y la de las personas. Fe aterrizada.

-     El creyente actual necesita ser un hombre de corazón, no tanta verbalización, sino, ser “noticias vivientes”, con experiencia y testimonio. Ejemplo: Teresa de Calcuta.

-     El discípulo ha aprendido a superar el miedo, vive con cierta paz, y es capaz de transparentar esa confianza en el Señor.

-     El discípulo ha de ser una persona de esperanza, no derrotista, el mundo no está a la deriva sino en Sus manos. Dios providente, la última palabra la tiene Él.

-     El discípulo necesita aprender compasión, participar del dolor de nuestros hermanos, del pobre y necesitado, del pecador, del discriminado, es decir, con una fuerte experiencia de fraternidad y solidaridad.