SANTIAGO .:. Celebraciones .:.
REFLEXIONES DESPUÉS DE UN RETIRO EN SEMANA SANTA 2008
LA PASIÓN DE UN APASIONADO
REFLEXIONES EN VIERNES SANTO
Durante el Viernes Santo de este año asistí al retiro en el Colegio El Bosque en Pocuro. Como siempre, el ambiente fue muy grato y pude enriquecerme con las reflexiones del Padre Fernando Montes y el Padre Tony Mifsud.
Ambas fueron estupendas. En esta ocasión, sólo comentaré la charla del padre Mifsud : “La pasión de un apasionado”.
No resulta fácil fijar la mirada en el rostro de Jesús Crucificado. Al contemplarlo, vemos el dolor de Jesús, la pasión de un apasionado, porque sólo un apasionado es capaz de llegar hasta donde Él llegó y perdonar. Por lo general, el dolor nos hace auto-referentes.
Mirar el rostro de Jesús Crucificado no nos puede dejar indiferentes; exige una respuesta.
“El que ha mirado profundamente a los ojos de Jesús” – decía el Padre Hurtado – “no lo olvidará jamás.” “Me has seducido, Yahveh, y me dejé seducir” – decía Jeremías.
Tenemos miedo de dejarnos mirar por Él, porque nos compromete, cuando sabemos que está ahí por mí. La primera palabra que nos sale es: “Perdóname.”
Dejarnos mirar por Jesús es comprometernos a seguir su camino. Si lo tomo en serio, puede cambiar mi vida. Si lo seguimos a Él, no podemos seguir nuestro propio camino, buscando más bien el prestigio humano.
Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy Yo?” y “¿Quién dicen Uds. que soy Yo?” Vale la pena preguntarme: “¿Quién es Jesús para mí?” y si desde la Cruz Jesús nos hiciera esta pregunta, ¿qué contestaríamos?” Hay algunas cosas que sabemos de Jesús.
Sabemos que era la encarnación del hombre apasionado. En la Biblia encontramos la pasión de Dios por la humanidad. Va corrigiendo, animando a su pueblo con paciencia..
Vemos lo que Dios ha hecho por nosotros y lo que a Jesús le hemos hecho nosotros. Él se comprometió entero. Se hizo todo por nosotros, pasando por la muerte. Esto significa dolor, pasión, porque sabía perfectamente lo que le iba a ocurrir. Pero afirmó:”Nadie me quita la vida; Yo la doy voluntariamente.” Era completamente libre. Fue capaz de morir por amor.
En los Evangelios queda claro que la primera gran pasión de Jesús fue el cumplimiento de la voluntad de su Padre, que es la salvación del ser humano: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.” – leemos en San Juan.
San Lucas nos relata el momento cuando Jesús se pierde en el Templo y su Madre le dice: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.”
Pero Jesús contesta: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que Yo debía estar en las cosas de mi Padre?”
María se refería a José al hablar de “padre”, pero Jesús deja en claro que el primer derecho sobre su vida lo tiene su Padre Dios y que Él debe cumplir su voluntad.
Este amor a su Padre es tan grande que llega a identificarse con Él: “Yo y el Padre somos uno”. Y, cuando Felipe le pide:”Muéstranos al Padre”, Jesús le responde: “El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre.”
En los tiempos de Jesús había dos términos para designar a Dios: (a) Elohim , palabra genérica que se aplica a la divinidad en general, por lo que es aplicable a los dioses de todos los pueblos; y (b) Yahveh, que designa específicamente al Dios de Israel. Pero Jesús se dirige a Dios llamándolo Abbá, es decir, “papito”, que expresa familiaridad y ternura.
El amor de Jesús hacia el Padre es un amor ablativo, un amor que se entrega. Por eso nos regala al Padre, porque nos ama y nos regala lo mejor que tiene. Por el contrario, el amor posesivo es auto-referente, porque lo quiere poseer para sí mismo. Así Jesús nos enseña cómo amar de verdad al regalarnos a su Pare.
Es imposible hablar de Dios sin hablar de amor. Dios es amor. Dios sólo sabe amar.
Ahora nos encontramos con la segunda pasión de Jesús: el ser humano. Jesús resume toda la Ley en el amor a Dios y al prójimo. “Este es el mandamiento mío” – les dice a sus discípulos – “que se amen los unos a los otros como Yo los he amado.”
Amar a Dios en el otro y amar al otro en Dios. En esto consiste nuestra fe. Esto quedó muy grabado en las primeras comunidades cristianas. San Juan escribe::”Si alguno dice: “Amo a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso, porque quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.”
En la Última Cena Jesús lava los pies a sus discípulos para mostrarles el significado de ser cristiano. “Uds. me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy.” – les dice Jesús. “Pues si Yo, el Maestro y el Señor les he lavado los pies, Uds. también deben lavarse los pies los unos a los otros.”.- Sólo los esclavos lavaban los pies y Jesús se hace esclavo por amor.
Esto no calza con la vida de hoy. Pero Jesús es tan apasionado que no sólo lava los pies, sino que perdona. Sólo el que ama mucho es capaz de perdonar. Es justamente esa pasión por la humanidad la que hace que Jesús ame a los marginados, a los enfermos, a los pobres, a todos los que no caben en la sociedad.
“Todo lo que hacen al más pequeño, a mí me lo hacen” – decía. Jesús. Es tan apasionado por el ser humano que llega a perdonar a sus propios asesinos. Colgado en la Cruz, se dirige al Padre: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
Esta pasión por el ser humano se convierte en una identificación con aquéllos que la sociedad no toma en cuenta, para subrayar que todo ser humano, independiente de su condición, vale la pena y merece respeto, porque es amado por Dios.
Caín era hermano de Abel; sin embargo, le dice a Dios: “¿Soy acaso guardián de mi hermano?” Jesús es lo contrario. Se hizo hermano nuestro por amor. El Padre Hurtado dijo: “El amor debe mostrarse en la vida humana. Hay que buscar a Dios no sólo en el cielo, sino en el cuerpo de nuestros hermanos los hombres.”
Las palabras de Jesús muestran que el encuentro con Dios se da en los hombres que sufren. Ahí se juega nuestra fidelidad a Jesús. Amar a aquéllos que la sociedad margina. Jesús sufre por la humanidad, porque su amor quiere salvarla.
¿Conocemos nosotros de verdad a Dios? Si Jesús nos preguntara: “¿Quién soy yo para ti?” ¿Qué contestaríamos? ¿De verdad sabemos la respuesta correcta? ¿Realmente la conocemos?
LA ALEGRÍA Y LA FELICIDAD
REFLEXIONES EN SÁBADO SANTO
Este tema de la felicidad lo trató en su charla del Sábado Santo, el Padre Tony Mifsud S.J. Según él, la alegría y la felicidad forman parte de la vida de un auténtico cristiano. Nos dijo que San Ignacio insiste en que la alegría es un elemento esencial del cristianismo.
Sugiere gozar con Cristo y asumir la misión de consolador, porque consolar es una misión cristiana.
La Cruz sin resurrección no tiene sentido. Nosotros no adoramos la Cruz, sino a Jesús. Sin la resurrección Jesús sería sólo un gran hombre. Con la resurrección Jesús es el Hijo de Dios.
Ya San Pablo en su Carta a los Tesalonicenses los exhorta:”Estén siempre alegres.” Y luego, en la Carta a los Filipenses, insiste: “Les repito: estén alegres”.
En nuestra sociedad, vivimos una cultura de tristeza, de depresión, de temor al futuro. Pero la alegría brota de la fe, de la Buena Noticia. Nuestra fe es esperanza, porque Dios es fiel a su palabra. El auténtico camino cristiano es la alegría que conduce y se junta con la felicidad.
Si creemos de verdad en la Resurrección de Cristo y en la Buena Noticia que anunció, es decir, el amor incondicional de Dios Padre hacia la humanidad, entonces, en palabras de los Obispos latinoamericanos en la reunión de “Aparecida”: “ los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras.”
Es la alegría de saberse amado incondicionalmente por Dios, y esta alegría se irradia a los demás, si es sincera. Sin duda que la alegría y la felicidad constituyen la aspiración más profunda de todo ser humano.
El filósofo español Julián Marías habla de “las grandes ausencias” en la cultura actual. La felicidad es uno de estos temas. El problema es que se ha reducido la realidad a las cosas; se ha cosificado la realidad. Por eso, todo lo que no se puede expresar en algo tangible y visible, se considera inexistente. Así, la felicidad se reduce a tener bienes materiales.
En una cultura pragmática y cosificada, se confunde la felicidad con el tener cosas. La alegría se reduce a tener siempre más y más. Pero la búsqueda de la felicidad sólo en términos materiales conduce a la frustración, porque siempre se desea más y nunca se está contento con lo que se tiene, ya que el más no tiene límite.
Podemos preguntarnos, ¿lo que más responde al ser humano es el ser más o el tener más? Hay relación entre ser y tener, pero ser le da sentido al tener. Cuando el consumo llega a ser mi razón de ser, no puede haber felicidad.
Pero también existe una cierta cultura religiosa que no da ninguna importancia a la alegría, porque relega la felicidad a una vida ultraterrena. Artísticamente se ha imaginado mucho más la condenación que la salvación. Existen muchas pinturas sobre el Juicio Final y el infierno, pero pocas sobre el Paraíso y la felicidad eterna.
En Psicología se ha investigado mucho sobre la ansiedad, la angustia y la depresión, pero poco sobre la alegría. Estos males existen, sin duda, pero no podemos considerarlos como lo normal de la condición humana.
La ansiedad y la depresión llevan al individuo a aislarse, mientras que la alegría es la base de la unión y de la solidaridad.
¿En qué consiste la felicidad?
La felicidad consiste en aprender a vivir con uno mismo y a convivir con los demás. La felicidad es la capacidad de estar en contacto con la propia interioridad. La alegría se encuentra, cuando uno vive en paz consigo mismo y con los demás.
La causa de la infelicidad no está en otros, sino en mí. “El secreto de la felicidad” – decía Tolstoi – “ no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace.”
Básicamente la felicidad no se busca, sino más bien se encuentra, porque es el resultado de una paz interior; si se la persigue directamente tiende a huir y se escapa. Es la expresión de algo profundamente interior.
El psiquiatra austríaco Víctor Frankl decía que “es como una mariposa: cuanto más la persigues, más huye; pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro.”
Al estar en paz con uno mismo, la alegría posibilita la búsqueda del otro, como una necesidad de la propia individualidad, porque el ser humano es un ser social y vivir es convivir.
Es evidente que necesitamos tener lo básico – alimentación, vivienda, educación, trabajo – para poder ser dignamente. Pero es un tener que define al ser. Cuando el tener determina el ser, entonces se reduce el ser humano a un objeto de consumo, se cosifica lo humano y la persona pierde el sentido de su propia existencia. La felicidad se da en el contexto de relaciones personales, porque responde a la aspiración más profunda del ser humano: amar y ser amado.
La alegría y la tristeza son inseparables, complementarias. Está en nuestra realidad. A veces uno se cierra a la tristeza; entonces pierde la alegría. La alegría, la felicidad es atreverse; es una opción de vida que no desconoce la tristeza.
Hay una tendencia en algunos a pensar que la vida es tristeza y se exagera. Ocurre si vivimos comparándonos con otros o con lo que fuimos antes. Esto trae frustración. Ser feliz con lo que uno es hoy.
Tener fe en la Buena Noticia de que Dios nos ama. Esto nos lleva a la felicidad. Vivir auténticamente la fe es vivir con alegría y felicidad. “Yo estoy con Uds. hasta el fin del mundo” , nos dice Jesús. Él nos ayuda a encontrarle sentido a la vida, lo que nos produce alegría.
Ante la muerte, Él nos habla de vida. No tener miedo. Ser feliz sin desconocer la tristeza. Aceptar lo que uno es. La felicidad tiene relación con las expectativas. A veces son exageradas. Tener fe en el futuro.
“Es posible ser feliz”, decía Teresa de Calcuta
Elena Pablo Elorza
Marzo 2008
celebraciones generales
Liturgia
Celebramos nuestra fe como Iglesia en los tiempos de:
- Adviento
- Pentecostés
- Asunción de la Virgen (Agosto)
Retiro
Dedicamos un día al año a una especial profundización.
Convivencia
Día campestre de fiesta, entretención y expansión.
Bingo
Actividad anual de entretención y recolección de fondos para ayuda social.


