REFLEXIÓN DE PASCUA DE RESURECCIÓN
Hoy es un buen momento. Es un momento de alegría, sobre todo para las mujeres, ya que fuimos nosotras quienes acompañamos al Señor hasta su último suspiro y fuimos la madrugada del domingo a visitarlo, y descubrimos ahí con horror que El no estaba, había desaparecido.
¿Será acaso ese nuestro temor de hoy?
Buscamos y buscamos con ansiedad y no sabemos qué.
No sabemos dónde está el Señor.
¿En qué lugar lo habremos puesto y dejado?
¿Nos hemos quedado sin Él?
Nosotras no fuimos las que huimos a encerrarnos por miedo. Nosotras fuimos las que corrimos a dar la buena noticia, Mt 28, 8-15 .
¿Cuál será la Buena Nueva que llevaremos hoy?
¿Tenemos acaso una Buena Nueva que llevar?
¿Adónde vamos a llevar esa Buena Nueva?
Fuimos las primeras en escuchar el mensaje. Jesús sale a nuestro encuentro y nos dice: Alégrense y no tengan miedo, corran a comunicar…esto hicimos y éste es el deseo de Jesús … ¡vayan, mujeres, hoy a comunicar el mensaje!. Nos está llamando a evangelizar, tenemos que responderle dentro de la Iglesia y fuera de ella.
¿Cuál será entonces mi contribución? ¿Cómo lo haré?
Jesús nos pregunta nuevamente: “Mujer, por qué lloras? ¿A quién buscas? ¿Qué es lo que estás buscando hoy? Jn 20, 11-18 .
María tiene a Jesús delante de sus ojos y no lo reconoce. El le habla y sólo cuando la nombra sabe que es el Maestro.
¿Y nosotras? ¿Escuchamos que nos nombra? ¿Reconocemos su voz? … A lo mejor no lo sabemos que fue El, pero acudimos a su llamado hoy a este Ciclo de formación. Si no estamos atentas, de madrugada, llorando y esperando por El, no escucharemos su voz que nos nombra.
El ya resucitó, Lc 24, 13-35 . Para encontrarnos con El en nuestro andar, tenemos que afinar los sentidos. Jesús está con nosotras como compañero de ruta, ¿dónde? ¿cuándo? ¿lo reconocemos? ¿en quién? Dejemos que nuestros corazones ardan como los peregrinos de Emaús y descubrámoslo en medio de nuestro camino.
El irrumpe en nuestras vidas encerradas, como lo hizo con los apóstoles, y nos dice: “ La Paz sea con ustedes”. Recién después de reconocer a Jesús como el Señor Resucitado y recibir la paz en el corazón, podemos ir por el mundo siendo sus testigos. Sepamos que El nos ama. El nos amó primero.
Marcela Barros , Asesora
