QUIENES SOMOS

 

AMAC es un movimiento esencialmente formador de personas a través de todas sus instancias. Aprendemos a conocer nuestra originalidad, identidad y vocación de ser con otros y para otros. Es una comunidad laica de Iglesia centrada en Cristo, Jesús es el centro, el paradigma que nos ilumina e impulsa. Lo esencial de la existencia del ser humano es un encuentro personal con Cristo, descubriéndolo en nosotros mismos, en los otros, en las circunstancias que nos toca vivir a diario y en todo lo que nos rodea.

Es una escuela de formación de laicos, de personas que se unen y organizan para que viviendo en la vida corriente, aporten ahí su riqueza personal y única, todas distintas con sus carismas propios, se estimulen, favorezcan su desarrollo, se integren y complementen aportando y recibiendo al ser del otro.

Mueve a las personas a estar en una actitud abierta y alerta en permanente revisión, en una búsqueda de Dios a través del conocimiento de sí mismos y de los otros, para caminar en un desarrollo y conversión personal.

Es un proceso, en que cada experiencia nos permite madurar y crecer y así ir recreando el mundo con los valores que lo humanizan.

 

Toda persona que llega a nuestro movimiento es acogida con respeto y cariño.

¿Qué buscamos? Buscamos coherencia entre la fe y la vida cotidiana lo que nos hace estar en permanente búsqueda de los signos de los tiempos para formar criterios y con ellos participar en la construcción de un mundo más verdadero, más justo, más fraterno, más solidario, en la familia, en el trabajo, en los medios sociales y culturales, en las estructuras de la sociedad y de la Iglesia , es decir, en los lugares donde se desarrolla la vida de cada una, siendo así el mundo el espacio de realización, entendiéndolo como la naturaleza, la cultura, la humanidad.

 

mision

Formar integralmente a personas, para que puedan vivir su fe en la vida cotidiana, para ser conscientes de sí mismas y del mundo, capaces de responder a los desafíos de la época y que trasciendan en la construcción de una sociedad más humana, evangelizando el propio ambiente.

VISIÓN

"Descubrir a Cristo y el sentido de su mensaje, para ser personas más cristianas, asumiendo como laicos en la Iglesia y en el mundo de hoy".

NUESTROS VALORES

La persona de Cristo como piedra angular, que nos muestra quién es Dios, quién es el Hombre-Mujer y la verdadera dimensión de la vida:    

-  La Persona     

 -  La Realidad, la Historia       

-  El Proceso      

 -  El Discernimiento      

-  La Coherencia       

-  La Oración

 

lineas

- FORMACION DE PERSONAS

Somos seres inacabados, tenemos un proceso de desarrollo y crecimiento que corresponde a la esencia misma de la vida, y se va haciendo paso a paso.

El dinamismo de nuestra naturaleza alcanza su crecimiento integral en las relaciones humanas, el trabajo personal y la vocación de ser con otros y para otros. Para esto se necesita conocimiento y respeto por las personas con sus ritmos particulares, tiempo y etapas propias.

El objetivo es conocerse, valorarse y abrirse al otro para conocerlo, respetarlo e ir descubriendo y viviendo el Plan de Dios en un proceso dinámico.

Necesitamos formarnos como personas que descubramos a Dios operando en el centro de nuestras vidas, en la sociedad y en los acontecimientos; que tengamos una nueva mirada de esperanza y fe, que nos motive a romper el egocentrismo que nos separa y limita reconociendo la grandeza y dignidad del ser humano.

- TENER UNA MIRADA POSITIVA

Nos invita a tener una mirada positiva y optimista ante cualquier circunstancia, con una auténtica confianza y esperanza en el dinamismo de la vida basado en la experiencia vital de Dios, quien es infinitamente misericordioso y presente en todo y en todos.

- BUSCAR UNA ESPIRITUALIDAD LAICA EN LA VIDA DIARIA

Reconocer un Dios creador que nos ama y nos llama es punto de partida para salir de uno mismo y volver a mirar dentro de sí. Se trata de desentrañar en las experiencias cotidianas que nos toca vivir, esa presencia, de hacer un camino interior para diferenciar lo que es propiamente humano y distinguir allí la presencia del Espíritu que va dando sentido al misterio de la vida.

En esta realidad interior no hay fronteras, siempre hay algo más allá, hay “Alguien”, que es el único que puede llenar nuestras posibilidades de gozo. Eso es lo que tenemos que aprender a percibir, ese Alguien que nos despierta el interés y el asombro, nos inspira y nos urge, nos llama y nos da las respuestas a nuestras interrogantes personales, con amor particular e incondicional.

Es un camino inexplicable de esperanza, de sentirnos conducidas, junto a un gozo que nos confirma y nos da la certeza interior necesaria, para dar los pasos que nos llevan a asumir nuestra realidad.