historia
Reflexión de los años 50 y comienzos de los 60
tomado desde el libro
“Mensaje del pasado al presente”.
¿Cómo nos hablaría hoy?
Hay una característica del mundo de hoy, tal vez la más visible, que consiste en una terrible ausencia de felicidad y paz. Notamos esta ausencia en el pavoroso aumento de las enfermedades nerviosas, de los suicidios, en el ansia febril de diversiones, en el desesperado correr tras el dinero. El mundo está desorientado y su principal sensación es la angustia.
El problema reside en que todos buscan la felicidad; pero esta felicidad no se encuentra donde la buscan.
El centro de la vida, la única roca indestructible para edificar, es Dios. Teniendo nosotros a Dios ausente de nuestras vidas, vamos al vacío, al caos. Esto le sucede, no sólo a los que están lejos de la Iglesia, también nos pasa a nosotros, a los que sintiéndonos en ella, descuidamos una búsqueda sincera, profunda y personal de Dios.
Tenemos que aprender a desear a Dios, a amarlo, a necesitarlo con todo nuestro ser.
El se ofrece para venir a través de nosotros, al mundo; si tenemos el corazón abierto, si somos generosos, si le permitimos entrar olvidando nuestro pequeño “yo”, Dios se hará visible a través nuestro. Se hará transparente Su paz, Su amor, Su alegría en nosotros y el mundo podrá entonces conocerlo y desearlo.
El Salvador es necesario para el mundo de hoy. Entreguémonos como San Juan Bautista, para preparar el camino del Señor en nuestra atención a las almas. Allí donde estamos viviendo, en plena vida diaria, cualquiera sea nuestro quehacer y situación de vida.
Los comienzos de AMAC
AMAC nace en 1945 como rama especializada de la Acción Católica de mujeres, promovida por el entonces Cardenal Arzobispo de Santiago Don José María Caro Rodríguez.
El Movimiento Amac es fundado como respuesta a los desafíos de la época, por Monseñor_Rafael_Larraín , sacerdote visionario, creativo y sobre todo gran buscador de Dios y promotor de la dignidad y espiritualidad humana en su totalidad hombre-mujer.
Amac es un movimiento Apostólico de Iglesia, laico y dirigido por laicos. Comunidad centrada en Cristo quien es su modelo y referente.
Desde sus comienzos fue Movimiento Nacional cuyo campo de acción fue la formación integral, espiritual y personal dirigida a las mujeres.
Actualmente cuenta con sedes en Arica y Antofagasta; en la Quinta Región (Quival) que reúne a Viña del Mar, Quilpué, Villa Alemana, Limache y Quillota; en Santiago ; Curicó; Talca; Linares; Retiro; Cauquenes; Parral; Chillán; Concepción y Punta Arenas .
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Testimonio
AMAC, en sus comienzos, fue un grupo de mujeres casadas jóvenes, invitadas a través de las parroquias a encontrar respuesta a sus ansias interiores, a sus interrogantes como esposas y madres, a encontrar un sentido a la vida.
Así llegamos algunas a recibir clases quincenales de formación dadas por don Rafael Larraín. Fue entregándonos una visión entusiasmadora de Dios en nuestra vida. Fuimos aprendiendo a encontrar a Dios en lo corriente, en el hogar, en los hijos, en la humanidad, en toda la creación. Nos personalizábamos saliendo del individualismo, de los límites del hogar y de la familia, tomando conciencia de una visión social, a nivel universal. Fueron transformándose nuestras vidas en una fuente inagotable de búsqueda, gozo y riqueza. Fue naciendo un compromiso con nosotras mismas, fuimos dando pasos de conversión personal en la vida corriente que a través de los años fue tomando más y más una dimensión profunda y dinámica hacia los otros.
Comenzó entonces un trabajo organizado hacia el ambiente. En pequeños grupos de cuatro, seis u ocho mujeres, empezamos nuestro trabajo “a más ver”, a buscar, a ayudarnos unas a otras, a interesarnos en estudiar psicología, educación, en detectar las necesidades del ambiente. Recuerdo que al principio las reuniones las dividíamos en cuatro aspectos: lo personal (trabajo de interioridad), lo social, lo apostólico y nos dábamos una tarea y un trabajo que cada cual desarrollaría en su ambiente. Unas tenían su propio grupo o una responsabilidad concreta en su medio.
Cuando ya nuestro movimiento era una realidad, fuimos llamadas por la Iglesia , por la jerarquía, a integrar el Consejo Nacional de Acción Católica. Se fue detectando la necesidad de definir dos campos diferentes de apostolado: la acción católica parroquial y la acción católica especializada en los medios de vida independiente.
AMAC como todo movimiento no es estático. Es vivo. Por esto a través de los años de vida ha ido y va dando pasos en base a una permanente búsqueda, al crecimiento y profundidad de las personas, al aporte comunitario, a nuevas y muy ricas experiencias.
Es una Escuela de Formación de Laicos, donde unas pocas sirven al movimiento y la mayoría expande su acción en distintos ambientes, lugares de trabajo, colegios, educación, organizaciones, estudios, aportando lo propio junto a la esencia y líneas de AMAC.
Lo fundamental de AMAC es su esencia: el encuentro con Cristo en la vida corriente y una visión muy amplia del plan de Dios sobre el Universo. De ahí que todo es motivo de interés y de responsabilidad social: la ciencia, los adelantos, la investigación, la historia, los acontecimientos ....
En la formación de personas don Rafael iba abriendo nuestro espíritu a ver, a buscar la verdad, el bien, a sentirnos responsables de ser colaboradores de Dios.
Empezamos a cambiar nuestra mentalidad en lo religioso sin separar lo temporal que debe cimentarse en lo espiritual. Aprendimos a tener oración de búsqueda de Dios, de su voluntad, de escucharlo, conocerlo, de darle respuesta en la vida.
Algo extraordinario en la enseñanza de don Rafael fue su vocación como formador de personas. Ante una consulta personal su respuesta era: “ ¿Qué le dice el Señor? Háblelo con Él y después me cuenta”. Así era como esperaba y respetaba el proceso de cada cual y fue llevándonos a desear conocer más y más a Dios, a crecer en la fe, animándonos en nuestros pasos a relacionar el amor de Dios con nuestras experiencias personales, lo que nos hacía también conocer nuestra pobreza, nuestra ceguera e inconsciencia.
La vida de AMAC fue un proceso de evolución teniendo horizontes amplios y entusiasmadores. Se invitaba a un desarrollo personal, a un trabajo interno de la persona y a un compromiso social para que a través de la vida diaria y los contactos con las personas que conformaban nuestro espacio de vida: maridos, hijos, parientes, amigos, vecinos (Junta de Vecinos), colegios (Centro de Padres), etc ...., se llevara una manera de ver la vida y sus dificultades, con una mirada cristiana profunda y comprometida.
Se trataba de unir la fe a la vida.
