NUESTRO FUNDADOR
CÓMO HABLÓ DE DIOS
Lo hacía sin lenguaje teológico, pero con hondura extraordinaria y sugerente, hecha de vivencias, de reflexión y de fe. Al hacerlo despertaba una gran atracción por el misterio, la belleza, la grandeza de Dios.
Habló incansablemente del Ser Infinito, de dejarse “invadir por la música de Dios”; de dejar sentir su belleza, su inmensidad que atrae, su amor que se extiende, de la alegría de Dios, de su eterna novedad y de lo sorprendente de su acción imprevisible.
Don Rafael relacionaba el acontecer del día a día, la historia personal y del mundo, con lo Trinitario, con lo de Dios. Con esta relación provocaba en cada persona una vital relación con Dios, con lo cotidiano, con la vida personal y con la vida comunitaria.
