NUESTRO FUNDADOR
CÓMO HABLÓ DE CRISTO
Acentuaba la misión de Cristo como supremo conductor y guía de la Humanidad en su peregrinar hacia el Padre. Él tiene todas las cosas en sus manos, es dueño y Señor de cuanto existe y por Él todo se hizo de cuanto fue hecho. Ahí estaba la más profunda raíz de su optimismo frente al porvenir.
Su Espíritu, que “sopla donde quiere”, suscita santos en todos los momentos de la historia, enciende generosidades, ilumina, transforma y renueva, revelando su acción global en los “signos de los tiempos” y haciendo resplandecer dones, frutos y carismas en la vida de los cristianos.
De ahí nace nuestra responsabilidad: el cristiano está llamado a mostrar a Cristo en su vida concreta, sin desfigurar su imagen.
