NUESTRO FUNDADOR

 

Monseñor Rafael Larraín Errázuriz

RAFAEL LARRAÍN ERRÁZURIZ nació en Santiago de Chile, el 16 de Febrero de 1915. Segundo de seis hermanos. Sus padres fueron Hernán Larraín y Josefina Errázuriz.

Desde niño acompañaba a su padre a recorrer el campo, aprendiendo lo que era la tierra, su valor, aromas, colores.

A los 15 años egresó del colegio San Ignacio. Ese mismo año, 1930, sintió el llamado al sacerdocio, entrando al Seminario de Santiago con un permiso especial debido a su corta edad.

Fue ordenado sacerdote en 1937.

Su primera nominación fue en la parroquia Santa Teresita de Vivaceta, Santiago. Zona mayoritariamente obrera.

 

Luego fue nombrado párroco de San Joaquín en la población Bulnes que era extremadamente pobre en la cual trabajó durante 7 años.

Al conocer y vivir tanto la vida obrera como la extrema pobreza y estimulado por su gran sensibilidad y creatividad, obtuvo fondos para construir  una casa parroquial, un policlínico y una escuela en la población Bulnes, fabricando y vendiendo ladrillos en un terreno que le habían donado.

En esa época nace en Bélgica la JOC, movimiento de Juventud Obrera Católica. Don Rafael se interesa por conocer sus bases y el entonces Cardenal José María Caro, manda a don Rafael acompañado de don Carlos González Cruchaga,  a estudiar los métodos de este movimiento y su organización. A su regreso, don Rafael, valora la hondura y madurez espiritual que se logra, al llevar la vida de Cristo al mundo obrero. Es nombrado asesor nacional de la JOC


Junto a la JOC creó una serie de servicios complementarios: Casa de vacaciones en el Quisco, Hogar para mujeres obreras en Santiago, Servicio de empleos, Servicio Social, Servicio Médico y Dental, etc.

Ayudó a la formación de grupos pre-jocistas para niños y niñas, “Almas Valientes” y “Corazones Valientes”.

Formó la LOC, Liga Obrera Católica para adultos.

Creó la JAC, Juventud Agrícola Católica.

Fundó en Octubre de 1954, en Santiago, el IER, Instituto de Educación Rural, como “fundación privada, sin fines de lucro, apolítica y de inspiración cristiana”. Institución para el desarrollo integral del campesino, ofreciendo a mujeres y hombres una oportunidad educacional tradicional junto a la capacitación técnico-agrícola y la formación personal y social. Cada central con un sistema de internado con profesores mayoritariamente campesinos con gran capacidad comprensiva de las inquietudes, estimuladora de los valores, formadora respetuosa de la libertad, levadura de progreso y esperanza.

 

Fue Secretario Ejecutivo de la Conferencia Episcopal.

Realizó diferentes actividades de apoyo a párrocos, dirección espiritual a gran número de personas considerando de gran importancia y trascendencia la atención individual atenta y prolongada para inducir al descubrimiento del propio ser.

 

AMAC. Don Rafael lo fundó en 1945 , como rama especializada de la Acción Católica de mujeres, promovida por el entonces Cardenal Arzobispo de Santiago Don José María Caro. Su propósito fue dar respuesta a los desafíos de la época poniendo énfasis en la formación personal y espiritual de cada una de ellas para que pudieran influir eficazmente en la cristianización de su ambiente y en las estructuras a las que pertenecían.

Su gran característica fue y sigue siendo, ser un movimiento Apostólico de Iglesia, laico y dirigido por laicos, con una comunidad centrada en Cristo, quien es su modelo y referente.

Su trabajo lo realiza a través de pequeñas comunidades o grupos a lo largo de todo el país en sus distintas sedes, las que se integran y coordinan a través de “AMAC NACIONAL”.

Don Rafael alcanzó a entregar su carisma, pensamientos, dedicación y enseñanzas a AMAC por más de 20 años.

 

(Ver “ sedes ” en  “REGIONES”)

 

CARACTERÍSTICAS  PERSONALES

Chileno, vasco por descendencia y por temperamento, con su inseparable boina sobre sus ojos azules, era un hombre desconcertante a primera vista  pero de gran claridad al lograr conocerlo un poco más.

Visionario pleno de imaginación y de creatividad. Tenía un alma de niño campesino con todo lo bueno, picardía y astucia del hombre del campo chileno.

Inteligente, rápido, ágil.  Tal vez autoconstruído. 

En el fondo, un gran solitario que vivía en la presencia de Dios.

Vivió inserto en el siglo, en el mundo.  Vibró, sufrió y gozó con los problemas de su tiempo.  Junto con ser un guía para los sacerdotes diocesanos don Rafael era un maestro de espiritualidad laica. Su vida es la expresión de lo que debe ser un sacerdote en el mundo.

Tenía gran vitalidad y dotes de poeta mas que de intelectual.

Por su dinamismo contagioso y arrollador pudo escribir: “Cuando una religión se reduce a iluminar y fortalecer conciencias sin entrar en la vida misma del hombre, es una triste y tediosa religión, un pobre intento humano de llegar a Dios”.





Testimonio  de  Elisa  Paut

Las que tuvimos la suerte de conocer personalmente a don Rafael, podemos distinguir dos etapas bien diferenciadas en nuestras vidas : antes y después de conocerlo.

Yo diría que don Rafael nos comunicó la vida en plenitud.  Y esto no resulta extraño desde el momento que él nos mostró a Cristo, más aún, que lo llevó a nuestras vidas a El que es, justamente, “Camino, Verdad y Vida” (Juan. 14,5).

Todo cambió.  Todo alcanzó contenido, no sólo nuestra vida espiritual, sino nuestra vida corriente.  Cristo se había encarnado en nosotras.

Pero no sólo habíamos cambiado en nuestra interioridad y en el enfoque personal de nuestra circunstancia, sino que él nos abrió los ojos al ancho mundo, al del acontecer histórico, social, político, científico, económico, etc.  En una palabra, nos hizo insertarnos en el mundo.

Don Rafael no sólo nos hizo ponernos de pie, sino caminar y caminar esperanzadas.  De este modo nos atrevimos a emprender nuevos rumbos según nuestras particulares inclinaciones.

El combatió en nosotras la tendencia a formar “corralitos”, aislándonos del resto de las personas.  No quería que nos diferenciáramos exteriormente de los demás ni que tuviéramos un “aire especial”.

Fomentó en nosotras el espíritu crítico para analizar los hechos y así poder aceptar o rechazar ideas, tendencias, costumbres.

Nos impregnó de espíritu de justicia social y de solidaridad.

Despertó, en mí por lo menos, el sentido de responsabilidad y de participación en el acontecer del momento.

Cualidades que señalo especialmente en don Rafael:

  • Espíritu altamente positivo.
  • Espíritu ámplio y visionario
  • Gran admiración por la belleza y armonía de la creación.

Recuerdo que se preocupó mucho por la destrucción de las especies vivas causada por las bombas atómicas, cuando aún faltaba mucho para que apareciera la ciencia ecológica.